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Los críticos, la alergia y las palabras

Recuerdo que de niño cuando llegaba el invierno, se me cubrían los antebrazos de una erupción mas aparatosa que molesta que en opinión de los expertos era provocada por una alergia a algo desconocido. Con el tiempo, al parecer mi piel ha ido mejorando y las erupciones se han espaciado y pasan casi desapercibidas. Ahora de adulto tengo otras alergias de más fácil diagnóstico pero de remota posibilidad de cura: decididamente le tengo alergia a los críticos.

No es una alergia generalizada, no puedo culpar a todos aquellos que ejercen la digna profesión de vivir de sus opiniones. Los nuevos culpables de mis picazones nocturnas son aquellos “elefantes de la palabra” que llenan los periódicos dominicales con artículos que más parecen ensayos dirigidos a algún evento de critica donde, entre colegas, haya que alardear de cultura y rebuscamiento. No importa que el destinatario del artículo en cuestión sea la masa, el pueblo, la población, a la que, si bien es adecuado e inteligente tratar de educar o enseñar (partiendo del principio aceptable de que el sujeto que escribe tenga un conocimiento decente sobre el tema), de ninguna manera se debe subestimar o llegar a ignorar del todo.

En mi opinión, esto es lo que se hacen estos señores al usar este tipo de frases en sus textos:

“A estas alturas, sabes que me resisto a las posiciones extremas de exégesis oficiosa y de diatriba exterminadora”

“…te parece meritorio y encomiable ese desasimiento respecto a lo sociológico, esa indeterminación de la tesis social de la película…”

“atraviesa opciones genéricas y estilísticas que se distancian del tono burlesco y las anotaciones explícitas”

Y para terminar por todo lo alto, uno de los críticos le dice al otro (el artículo es a dos manos) mientras parece mirar de frente al lector:

“Debes estar preparado, creí que ya lo estabas, para quitarte las orejeras sociologizantes, sacudirte las prevenciones altaculturistas…”

En fin, y para ponerme a la altura: apoteósico, inenarrable, etc. (aunque quiera no puedo entrar en este juego, estos son pesos pesados).

Al final, mi reconocimiento para estos señores por saber lo que saben y mi alergia y molesta picazón por decirlo como lo dicen.

Seguro eres el fan No. 1 de Rufo Caballero. ;)

Todavía me muero de la risa recordando como en la UNEAC largaba sus "magistrales palabras" que a mi que se me antojaban interminables telarañas hechas de la palabras y más palabras...

Eso es lo que yo llamo pirofláutica, vamos inflar globo, la niebla, el humo… cualquier cosa que se hace para entorpecer la claridad de las cosas, lo evidente. En el caso de estos señores como no tenían nada de que decir –o poco- pues rellenaban con “palabritas” y “fracesitas” de esas rebuscadas y que en su conjunto lo único que consiguen es cantinflear.

Aquí te dejo con una crítica que vale la pena a mi entender y de paso te recomiendo el libro que comenta el autor.

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Acerca de mi

Yo:el cubano de la isla
De:La Habana, Cuba
Soy:un tipo común que mira y mira y cada vez entiende menos

 

Ya Cortazar lo contó una vez de esta forma...


La primera vez que vio la isla, Marini estaba cortésmente inclinado sobre los asientos de la izquierda, ajustando la mesa de plástico antes de instalar la bandeja del almuerzo... Una isla rocosa y desierta, aunque la mancha plomiza cerca de la playa del norte podí­a ser una casa, quizás un grupo de casas primitivas. Empezó a abrir la lata de jugo, y al enderezarse la isla se borró de la ventanilla; no quedó más que el mar, un verde horizonte interminable. Miró su reloj pulsera sin saber por qué; era exactamente mediodía.