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El fin y los medios

Cierta vez leí una entrevista que le hicieron a Steven Spielberg en ocasión del estreno de "Salvando al soldado Ryan". El periodista quería saber por qué le interesaba tanto el tema de la segunda guerra mundial (su película anterior era "La lista de Schindler" sobre un empresario alemán que salvó miles de judíos durante el holocausto). Spielberg dio una respuesta que me pareció muy inteligente y apropiada, dijo algo así como que era la última vez que los buenos y los malos habían estado tan claramente delimitados en sus papeles, que era imposible equivocarse al tomar una postura.

El recuerdo de esa frase me viene ahora a raíz de dos sucesos: el primero es el ocurrido recientemente en el hotel María Isabel Sheraton con una delegación de funcionarios cubanos que planeaban realizar una reunión con empresarios norteamericanos sobre temas energéticos. El hotel en cuestión, aplicando las leyes de "comercio con el enemigo" vigentes en los EUA, expulsó a los funcionarios cubanos y confiscó el dinero que habían anticipado. Hasta ahí todo parece estar dentro de las cosas que suceden en esta viña del señor, si el hotel María Isabel Sheraton estuviera en Los Ángeles, Nueva York, Chicago, Houston, etc. El problema es que el hotel está en MEXICO, específicamente en Ciudad México donde, aplicando una lógica que parece normal, se aplican las leyes mexicanas, y las leyes del embargo o bloqueo deberían tener tanto valor como si estuvieran impresas en papel higiénico.

El segundo suceso es que me encontré de casualidad mientras navegaba en Internet un sitio dedicado a los cubanos que viven en el exilio. El sitio www.elasere.com, que parece ser muy visitado, tiene una encuesta acerca de la postura de sus visitantes sobre el bloqueo o embargo a Cuba. Los resultados son descorazonadores (al menos para mi), un 51% esta a favor del bloqueo, y un 49% esta en contra.

Ya es momento creo, de definir mi opinión sobre el bloqueo que los EUA tienen sobre Cuba. Para mí, el bloqueo es una postura lógica en la derecha conservadora norteamericana, acostumbrada como está a desayunar cereales con leche mientras en la TV se ven las imágenes de algún bombardeo norteamericano sobre un país x. Es lo menos que podrían tratar de hacernos, dada la posición del gobierno de Cuba. Por otro lado, el bloqueo constituye la más profunda expresión de sinceridad de la ultraderecha cubano-americana de la Florida. Apoyar el bloqueo es su acto menos demagógico, el que desnuda completamente su intención de demoler la realidad cubana de hoy (lo bueno y lo malo), barrer literalmente con la imagen que Cuba se ha construido en los últimos cuarenta años.

Lo que me duele realmente es ver una estadística donde aparezca que el 51% de los cubanos que se han ido de este país, comparte (según la encuesta en cuestión) una medida semejante. Parece que el dolor, el rencor y la distancia pueden mezclarse en un cóctel nefasto que lleve a olvidar que el bloqueo es una medida de fuerza destinada a provocar la miseria y el caos en Cuba, y de esa manera conducir algún tipo de estallido social que acabe definitivamente con la revolución cubana.

Y me voy entonces al viejo dilema de si el fin justifica los medios, y me encuentro que muchos de los grandes problemas de la sociedad cubana actual vienen de haberse aplicado el mismo método. No me queda mas remedio que darme cuenta de que esos que apoyan el bloqueo y yo, no podemos estar de acuerdo en cuanto al fin pues jamás estaremos de acuerdo en cuanto al método.

Esta sociedad nuestra tiene que salir del estancamiento moral en que se encuentra, de una vida sin esperanzas ni sueños, donde todo se dirige a dedo y una mezcla absurda de admiración y temor permite al dedo mayor hacer y deshacer para bien y para mal sin respeto a nada ni a nadie. Somos una dictadura clásica, donde la gente se ha acostumbrado a esperar a ver que pasa. Pero esa propia sociedad tendrá que asumir sus pecados y salir adelante de alguna forma, y tiene que hacerlo por si misma, asumiendo la verdadera esencia de la revolución, no la careta de cartón que vende el gobierno mediante los medios oficiales. La revolución cubana tiene que seguir adelante y el pueblo cubano debería de alguna manera hacerse responsable de hacerlo. No es desde Miami o Washington que nos van a salvar. Y menos tratando de matarnos de hambre.

Siento un pena profunda por todos aquellos cubanos de bien que apoyan el bloqueo porque no ven otra salida u otra manera. Por los demás, los que quisieran arrasar con todo y todos, los que la palabra Cuba les despierta ronchas y es solo un medio de hacer dinero mediante la política, por esos siento un profundo desprecio. Ni más ni menos.

Yo estoy contigo.
El bloqueo anticubano es rídiculo, absurdo y afecta mayormente al pueblo.
Tal vez sea por eso, que mi destino, cuando abandoné Cuba, fue Buenos Aires y no la tan popular Miami...y si algún día decido abandonar este pais que con tanto amor me cobijó, jamás, pero jamás, mi pensamiento estuvo ni estará en tierras norteamericanas....debe ser porque me da ronchas...y es porque no soporto escuchar cubanos con tanto odio y fanatismo en contra de todo lo que dejaron atrás....cubanos reclamando casas y propiedades abandonadas, sin importarles que los ocupantes de hoy son pobres personas que viven únicamente de su trabajo...personas que al menor chisme de que Fidel Castro tiene esta o más cual enfermedad salen a la calle a celebrar como si se hubieran ganado la lotería, sin pensar que hay un ser humano padeciendo...
No sigo, porque caeré en shock anafiláctico en cualquier momento...

Saludos!

Coincido contigo en todo lo que comentas sobre lo injusto del bloqueo y sobre los extremistas de cualquier lado. No obstante, quería añadir una pequeña reflexión y me encantaría saber tú opinión.

Según la 3ra ley de Newton “Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria; las acciones mutuas de dos cuerpos siempre son iguales y dirigidas en sentidos opuestos”

Es decir: como mismo mucha gente por la parte de EUA vivé a costa del dichoso bloqueo, en Cuba también muchas veces se utiliza el “bloqueo” como comodín para justificar su situación actual.

A veces me preguntaba que excusa se utilizaría sino existiera el bloqueo. Actualmente me estoy leyendo “Rebelión en la granja” de George Orwell, y me he dado cuenta que la respuesta a mí pregunta es simple: Le echarían la culpa a Snowball.

Las encuestas en Internet son de las cosas más manipulables y poco fiables que hay en este mundo. Así que yo no confiaría tanto en esos resultados.

Mi experiencia me dice que la mayoría de los cubanos (de adentro y de afuera) están en desacuerdo con el bloqueo. Hasta varios de los llamados disidentes lo han criticado.

Y cuando digo en desacuerdo, no digo sólo en desacuerdo en el sentido usual, por su naturaleza destructiva y de desprecio, sino por lo que señala poponea en el comentario anterior. Que el bloqueo hoy en día representa un pretexto para mantener el actual orden, y representa un ente abstracto al cual achacarle todo vestigio de ineficiencia y defecto de la sociedad cubana de hoy.

Y muchos cubanos ven en consecuencia que el bloqueo sirve quizá más a los intereses del gobierno cubano que a los que lo promulgan. Al menos en apariencia, pues quien sabe si allá en South Florida están contentos también con el actual orden. El dinero que les llega de Washington para "tumbar" esto es muy sustancioso como para dejarlo ir por culpa de la libertad y la democracia que tanto cacarean allá.

Mientras tanto aquí siguen sirviéndose de él para justificar lo mal hecho.

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Acerca de mi

Yo:el cubano de la isla
De:La Habana, Cuba
Soy:un tipo común que mira y mira y cada vez entiende menos

 

Ya Cortazar lo contó una vez de esta forma...


La primera vez que vio la isla, Marini estaba cortésmente inclinado sobre los asientos de la izquierda, ajustando la mesa de plástico antes de instalar la bandeja del almuerzo... Una isla rocosa y desierta, aunque la mancha plomiza cerca de la playa del norte podí­a ser una casa, quizás un grupo de casas primitivas. Empezó a abrir la lata de jugo, y al enderezarse la isla se borró de la ventanilla; no quedó más que el mar, un verde horizonte interminable. Miró su reloj pulsera sin saber por qué; era exactamente mediodía.